Dos miradas sobre la Cooperativa de Servicios de Villa Lía, a Horas de la Asamblea Anual Ordinaria
El 29 de mayo se realizará la Asamblea Anual Ordinaria de la Cooperativa de Villa Lía a las 19 horas en la sede de San Martín 246. Allí se realizará la renovación total del Consejo de Administración y de la Sindicatura, comprendiendo la elección de nueve (9) consejeros titulares, tres (3) consejeros suplentes, un (1) síndico titular y un (1) síndico suplente. En esta oportunidad se presentaron dos listas para elecciones, pero el Consejo de Administración resolvió oficializar la lista “Compromiso con la Comunidad” y rechazar la oficialización de la lista “Cooperativa en Acción”.
Nuestra cooperativa funciona desde hace más de medio siglo administra los servicios esenciales del pueblo: electricidad, agua, internet, televisión y telefonía. Con 16 empleados y una facturación anual que hoy supera los 3.000 millones de pesos, la Cooperativa de Luz de Villa Lía es, en la práctica, la columna vertebral de la vida cotidiana local.
En los últimos años, la institución atravesó una transformación profunda. Desde que Lucas Tasso asumió la presidencia en 2019 en un contexto de crisis, con el consejo anterior renunciando en bloque, se modernizó la administración, se implementó la contabilidad interna, se tendió fibra óptica hasta los campos y se instaló un sistema de cámaras de seguridad rural. Son logros que los propios protagonistas reconocen, incluso cuando hoy se miran de frente desde veredas distintas.
Porque la cooperativa también está en el centro de una disputa. Alejandro Coria, financista porteño radicado en Villa Lía durante la pandemia, fue impulsor de varios de esos proyectos desde su rol de coordinador general. En marzo de 2025 fue desplazado del cargo. La versión de Tasso es que Coria quería convertir la cooperativa en plataforma política y que sus declaraciones públicas comprometían a la institución. La versión de Coria es que fue removido porque se opuso a decisiones que perjudicaban el patrimonio de la cooperativa, en particular el manejo del conflicto con el municipio por la subdistribución de energía en el parque industrial.
Desde entonces, el enfrentamiento escaló. Coria presentó una lista opositora para las elecciones del consejo de administración previstas para el 29 de mayo. El consejo impugnó esa lista por incumplimiento de requisitos formales. Coria acudió al INAES, el organismo nacional de control del cooperativismo, que en dictamen emitido el 21 de mayo avaló el accionar del Consejo de Administración actual, impugnando «Cooperativa en Acción», la lista que encabeza.
Más allá del conflicto inmediato, las dos conversaciones revelan una discusión de fondo sobre qué es y qué debería ser una cooperativa en un pueblo chico. Tasso habla de gestión, de herramientas, de institucionalizar lo que se construyó. Coria habla de cooperativismo: socios que aportan no solo por lo que consumen sino por lo que los beneficia aunque no lo usen, asambleas que deciden, participación real. No son visiones necesariamente incompatibles, pero hoy pertenecen a dos personas que claramente ya no se hablan.
Lo que sigue son las dos versiones, en palabras de cada uno.
«Cuando entré, no había contabilidad en la cooperativa»
Lucas Tasso, presidente de la Cooperativa de Luz de Villa Lía
Lucas Tasso asumió la presidencia de la Cooperativa de Luz de Villa Lía en diciembre de 2019, casi por accidente: había ingresado al consejo como vicepresidente unos meses antes, cuando todo el consejo anterior renunció en bloque. Desde entonces, lleva más de cinco años al frente de una institución que hoy presta servicios de electricidad, agua, internet, televisión y telefonía a unas 700 familias. En esta entrevista hace un balance de su gestión.
¿Cómo llegaste a la cooperativa?
El consejo anterior había renunciado por completo. La convocatoria decía simplemente que había que entrar gente nueva porque renunciaban todos. Yo era bastante nuevo acá, tenía la casa construida desde 2017, y me ofrecieron ser parte de la lista porque necesitaban alguien que tuviera conocimiento de cooperativismo. Entré de vicepresidente. En diciembre de ese año renunció el presidente, Camaño, y asumo yo. Al día siguiente salió aprobado el subsidio para la fibra óptica. Así que entré con el pie derecho.

¿Cuál fue la primera gran gestión?
Proponer la fibra óptica. Acá era todo teléfono de cobre y había subsidios de ENACOM para esto. Por supuesto, lo dejaron todo en mis manos. El problema era que si poníamos fibra en el pueblo, íbamos a seguir teniendo un problema con el ancho de banda porque teníamos un radioenlace que pasaba 200 megas nada más. Entonces hablé con una amiga que trabajaba en Arsat. Le digo: «Nosotros necesitamos que Arsat llegue con la fibra hasta acá.» Y ahí hicimos un convenio que fue el primer convenio que hizo Arsat con una cooperativa: ellos pusieron los materiales y nosotros pusimos la mano de obra. Fue un laburo muy lindo, reconocido por los propios gerentes de Arsat como muy beneficioso para ellos porque se ahorraron un montón de plata. Para nosotros también, porque era la única forma de llegar con fibra hasta acá, todo a través de la postación de la cooperativa. Y nos capacitaron a la gente para manejar la fibra.
En julio de 2021 arrancamos con el servicio de internet y televisión. Esa fue la primera gestión importante.
¿Qué encontraste en lo administrativo cuando llegaste?
Cuando entré, no había contabilidad en la cooperativa. Directamente no había. Venía una factura y las chicas de administración la cargaban al sistema sin importar si la imputaban a honorarios, a combustible, a lo que sea, gastos generales, total. Como la contabilidad no se llevaba en la cooperativa, todo eso se lo daban a un contador de afuera que hacía el balance a fin de año. Tuvimos que borrar toda la contabilidad porque no servía nada lo que había y arrancar de cero.
También hay una anécdota de cuando llegué y entró una señora a pagar. Había una chica en la caja que no la atendía. Otra chica sentada que tampoco. Finalmente se levantó alguien del otro lado del mostrador a atenderla. «¿Por qué no la atendió Mayra?» «No, porque Mayra es solo de caja de BAPRO, no puede cobrar recibo de la cooperativa.» Y la otra tampoco, porque «atendemos una vez cada uno y le tocaba a Gustavo.» Eso se unificó. Hoy la misma chica que te cobra el vapro abre el sistema y te cobra todo.
¿Cuánto factura hoy la cooperativa?
Hoy tenemos una facturación anual de 3.000 millones de pesos entre todos los servicios.
¿Cuál fue el proyecto más desafiante?
La fibra al campo. Es el único caso en Argentina de una zona que tiene todo su campo conectado. Lo que se hizo fue pedirle U$S 2.500 a los usuarios de campo. La idea era juntar 100, no se llegó, juntamos 67. El resto la cooperativa lo sacó de un crédito. Hoy tenemos el campo conectado y se instalaron cámaras de seguridad en puntos estratégicos, con un contrato de mantenimiento con la municipalidad. Fue un proyecto que tardó casi un año y hubo costos que no estaban previstos en el proyecto original, como toda la poda del acacio, que está declarado plaga en San Antonio de Areco, que había que hacer para poder tirar la fibra. Pero valió la pena.
¿Qué otros cambios hubo en infraestructura?
En energía se mejoró muchísimo. Cuando yo llegué, venía un viento y se cortaba la luz. Se instaló un reconectador, se está cambiando la troncal y se pusieron muchos postes de cemento. Incorporamos dos técnicos exclusivamente para medir la calidad del servicio con equipos muy costosos. Hoy podemos ver en tiempo real la corriente que está viniendo y los kilovatios que está consumiendo toda la cooperativa.
En agua, se hizo una obra nueva con la provincia, una nueva perforación ya funcional, y se digitalizaron todos los pozos. Antes era todo manual: había que abrir la llave de un pozo, cerrarla del otro. Hoy es automático. También estamos dibujando toda la red en un sistema GIS, que es como un Google Maps de nuestra infraestructura: podés ver las tres redes, los usuarios que atiende cada transformador, dimensionar obras con lista de materiales. Todo.
En alumbrado público, hace cinco años era todo luz naranja. Hoy se está terminando de pasar todo a LED.
¿Qué es lo que más te preocupa de cara al futuro?
La continuidad. Lo que más me preocupa es que todo lo que se logró, que hoy está bastante aceitado, con responsabilidades, con funciones, con manuales, vuelva para atrás. Me ha dicho un empleado de años, cuando le presentamos el dashboard en la pantalla: «¿Y esto para qué? Si ustedes se van, dura dos minutos.» Y cuando te dicen eso es una mierda, porque si sé que si nos vamos va a durar dos minutos… Para que no pase eso, yo creo que hacen falta tres años más de gestión continua. Cuando acostumbraste al empleado a trabajar así, ya ahí sí ya no va a cambiar. El riesgo es si cambias ahora.
¿Y a nivel de participación de los vecinos?
Al vecino le importa apretar el botón, que prenda la luz, y si es posible que sea gratis. Esa es la realidad. Hay un grupo de unos 20 vecinos que sí les interesa la institución y son los que siempre ves colaborando. Pero no es algo que ocurra solo en esta cooperativa: ocurre en todas las cooperativas. No hay participación de los socios. Los socios en general putean a la cooperativa.
¿Vas a continuar al frente?
Ya anuncié que este es mi último año como presidente. Sé que tengo mucho para colaborar por conocimiento, pero la presidencia no deja de ser un embudo donde van a parar todas las decisiones. Yo hoy tengo cuatro consejeros de los nueve que saben todo, algunos llevan mejor los números, otros llevan otras cosas, pero le preguntás cualquier cosa de la cooperativa y la saben. Cuando yo entré, nadie sabía nada: nadie sabía cuánta plata había en los bancos, ni las conciliaciones, ni la energía, nada. Al menos eso cambió.
La Cooperativa de Luz de Villa Lía presta servicios de electricidad, agua, internet, televisión y telefonía en Villa Lía, localidad del partido de San Antonio de Areco, Buenos Aires. Tiene 16 empleados y atiende a aproximadamente 700 familias.
«Acá tenemos una empresa de servicios a la que le llamamos cooperativa»
Alejandro Coria, ex coordinador general de la Cooperativa de Luz de Villa Lía
Alejandro Coria llegó a Villa Lía durante la pandemia. Oriundo del mundo de las finanzas y la banca privada, se instaló en el campo y pronto se involucró en la cooperativa local, primero como consejero y luego como coordinador general. Fue uno de los impulsores del proyecto de fibra óptica al campo y del sistema de cámaras de seguridad rural. En marzo de 2025 fue desplazado del cargo. Hoy encabeza una lista opositora (impugnada por el consejo de administración) que busca ingresar al consejo de administración en las próximas elecciones.
¿Cómo llegaste a involucrarte en la cooperativa?

Me vine a instalar acá en la pandemia y mis hijos tenían que estudiar. El servicio de internet era inexistente: nos vendían 3 megas pero no llegabas a uno. Ahí me reuní con Lucas y me dijo: «La opción es poner un punto a punto con una antena en la cooperativa y una antena en tu casa.» Hice la inversión, pusimos la antena en la cooperativa y la antena en casa. Fue el primer punto a punto, repartir por aire. Y ahí la cooperativa empezó a dar 50 megas a los campos.
Después empezamos a hablar más, le comenté a qué me dedicaba (finanzas, banca privada) y él me contaba que estaba bastante agotado porque no lograba hacer cosas. Me pidió que le diera una mano en el consejo. Yo tenía un emprendimiento ganadero en Paraguay que habíamos terminado de vender con mi primo, así que le dije: «Ahora tengo tiempo, te doy una mano.» Me convocaron a la asamblea de octubre del 22 y me nombraron consejero.
¿Qué encontraste cuando entraste al consejo?
Cuando llegó la explicación del balance, el balance era un desastre. Estaba todo a pérdida, mal. Era una empresa literalmente quebrada. Y yo los veía muy relajados a todos. Terminé la reunión del consejo y les planteé: «Si a mí me da mi empresa un balance así, estaría preocupado.» En ese momento las cooperativas no pagaban la energía porque el gobierno nacional la subsidiaba a un costo que no cubría ni el mantenimiento. Daba pérdida, pero mal.
Y les dije: un día va a venir alguien que va a querer cobrar la deuda y te quedaste sin cooperativa. Esto en algún momento va a haber que pagarlo.
La infraestructura también estaba en pésimas condiciones. La línea eléctrica, las camionetas, los vehículos, las cañerías del tanque de agua. Las bombas se quemaban todos los años. Y si vas a lo más chiquito, no había un sistema de gestión moderno. Hasta la factura se repartía a domicilio. Mi primer día en la cooperativa veo llegar a una empleada, toda sucia, machucada porque le habían atacado los perros, en un verano de 40 grados. Al otro día implementamos la factura electrónica.
¿Cuándo pasaste de consejero a coordinador?
El consejo me empezó a pedir que me hiciera cargo. Yo les decía: «No hay manera de gestionar una empresa de estas características viniendo una vez cada 15 días. Acá tiene que haber alguien trabajando todos los días.» Y bueno, me nombraron coordinador general. Ahí les planteé desde el principio: si laburás todos los días, no puede ser ad honorem. Yo no laburaba gratis —pagaba yo el combustible, pagaba yo el tiempo. El consejo lo aprobó en asamblea, me fijaron una retribución de seis salarios mínimos, y empecé.
¿Cuáles fueron los logros más concretos de esa etapa?
Cuadruplicamos el patrimonio neto en dos años. Mejoramos toda la infraestructura. No quedó nada que no hayamos intervenido. También mejoramos la cobranza, que era un desastre. El municipio nos debía todo cuando yo entré —y no solo te debía todo, sino que te pagaba un año después sin ajuste por inflación y sin intereses. Empecé a gestionar la cobranza y lo pusimos al día con el respaldo del consejo.
El proyecto más importante fue la fibra óptica al campo y el sistema de biovigilancia. No nos robaron un transformador más —nos habían robado 13. Pero lo central para mí era el concepto cooperativo que lo sostenía: el campo que no usa la fibra igual la tiene en la puerta de la tranquera, igual tiene el sistema de seguridad, igual se beneficia cuando vende el campo. Entonces tiene que pagar por esa infraestructura. Eso es cooperativismo. La cooperativa les presentó el proyecto en tres reuniones generales, la gente aportó capital, y los que no aportaron quedaron con la infraestructura igual.
¿Por qué decís que acá no se hace cooperativismo?
Porque vos pagás solo por lo que consumís. Eso es beneficio directo. Eso es ser cliente de Movistar. En una cooperativa no hay clientes, somos todos socios. Si yo estoy en el campo y uso el alumbrado público cuando voy al pueblo, debería pagar alumbrado público. Y la cooperativa debería ponerme una luminaria en mi tranquera si es un alumbrado cooperativo. Eso lo planteé mil veces en el consejo y no nos pusimos de acuerdo. Hoy la carga de la cooperativa está más sobre los del pueblo que sobre los del campo. Es al revés de lo que debería ser.
¿Qué fue lo que terminó generando la ruptura con el consejo?
El detonante fue que descubrimos que el municipio estaba haciendo subdistribución de energía en el parque industrial. Nos quemaron un transformador, fuimos, y efectivamente habían colgado ocho galpones de una sola fase. Lo documentamos, mandamos carta a la municipalidad. Ellos prometieron acomodar todo. Cambiamos el transformador. Siguieron con la misma situación y nos quemaron el otro transformador.
Yo fui al organismo de control de la provincia, consulté abogados, consulté ingenieros. Todos dijeron lo mismo: hay que mandar carta de documento porque cuando hay una subdistribución ponés en riesgo la seguridad pública. Viene tu equipo de trabajo, no sabe que hay algo conectado adentro, se pone a trabajar y se muere uno. El consejo lo votó 8 a 1 para no consultar ni a la abogada ni al ingeniero. Perdí yo.
Después quisieron firmar el contrato de mantenimiento del alumbrado público sin tener la puesta a tierra hecha. La abogada de la cooperativa les decía: «No firmen.» El ingeniero de la cooperativa vino a la reunión y renunció porque le habían vuelto a reconectar el transformador. Me opuse a todo eso, y ahí se rompió la relación.
¿Y las declaraciones políticas, como sostiene Tasso?
Cuando yo me fui de vacaciones a Miramar, en febrero, me llama un periodista y me hace una entrevista sobre mis ideas políticas. Yo en ese momento empecé a plasmar en mis redes sociales personales lo que pienso políticamente. Me preguntó sobre las prácticas del intendente y lo que yo dije es que son prácticas clásicas de mala administración de lo público. Y me remito a los hechos: deudas por todos lados.
En el consejo me dijeron que no querían que transmitiera más mis ideas políticas porque se iba a generar un quilombo. Yo les dije: mis redes sociales son mías, yo no transmito mis ideas en la cooperativa. Pero sí les planteé algo: quiero que vayamos a la asamblea y que pongamos la cara ante los socios y contemos todo lo que pasó acá. Me dijeron que era imposible. Ahí quedó claro todo.
¿Qué proyectos tenés si llegás al consejo?
Villa Lía tiene un entorno rico y un pueblo pobre. Necesita generar trabajo urgente. Hay dos proyectos concretos. El primero es un parque de doma —gastronomía, hotelería, alquiler de caballos, avistaje de aves— que puede atraer turismo y dar trabajo genuino. El segundo es ampliar el servicio de cuidado de adultos mayores en cooperativa: el asilo de Villa Lía no da basto, y podemos capacitar a socios que quieran trabajar en eso.
Pero para hacer todo eso, el socio tiene que dejar de pagar solo por lo que consume y empezar a pagar también por el beneficio indirecto. Si todos aportamos a la infraestructura, la cooperativa tiene con qué desarrollar todo esto.
¿Por qué creés que el consejo no quiere elecciones?
Porque saben que si nosotros entramos, el compromiso de la lista es revisar los actos que cometieron en contra de la cooperativa. Hoy el municipio nos debe 40 millones ajustados por inflación. Están reconectando el transformador del parque industrial sin haber resuelto la subdistribución. Esas decisiones tienen consecuencias patrimoniales para la cooperativa, y los consejeros responden con su patrimonio.
Lo mejor que puede pasarle al socio de la cooperativa es que haya elecciones. Con urna, con voto secreto, y que la gente decida si quiere que siga este consejo administrándola. Si perdemos nosotros, nos presentamos de vuelta el año que viene. ¿Cuál es el problema?
Alejandro Coria fue coordinador general de la Cooperativa de Luz de Villa Lía entre 2022 y marzo de 2025. Encabeza una lista opositora para las próximas elecciones del consejo de administración.
